¿Qué son? ¿Cómo contratarlos?
La muerte es
el mayor de los dramas, el más duro de los golpes al que se ve sometido el ser
humano. Cada país, cada región, cada cultura e incluso cada época tienen sus
costumbres, ritos y tradiciones relacionadas con la muerte, con el duelo que
genera, con los entierros y funerales, y con los ya casi anacrónicos lutos.
Pero si hay algo realmente nuestro, apenas visto por otros lares, es el seguro
de decesos, una póliza que se paga cada año para que, cuando ocurra el
fallecimiento, costear los gastos del sepelio no constituya un problema
económico para la familia.
Este seguro
tan particular se comercializa en España desde hace más de un siglo con un
éxito comercial y un arraigo social incuestionables. En su día, las directivas
UE que regulan el sector de seguros tuvieron que modificarse para atender a los
rasgos específicos de las pólizas de decesos españolas; el desconocimiento que
había en Bruselas sobre estos seguros era casi total.
En España, la costumbre de pagar en vida y en forma de póliza mensual o anual
los costes del entierro se hereda de generación en generación y, en demasiados
casos, se sigue abonando por inercia. Aunque las cuotas que se pagan por el
seguro de decesos son normalmente poco cuantiosas, a la larga pueden
representar un desembolso excesivo. Por eso se recomienda hacer números y
reflexionar sobre si merece la pena seguir pagando esta póliza. Podríamos, sin
ir más lejos, estar incurriendo en un sobre aseguramiento al pagar por un
servicio cubierto con otra póliza. Los seguros de vida ligados a hipotecas, o a
otros productos financieros como tarjetas de crédito y préstamos personales,
por ejemplo, pueden cubrir holgadamente los gastos del sepelio.
Morirse sale caro
